Vacaciones, playa, la aventura que se esperaba todo el año, cuando no habia las urgencias de hoy y donde el viaje al lugar de las delicias distaba en horas interminables por caminos malos, combinaciones con trenes e incluso carruajes para llegar sorteando cerros de maletas y movimiento incesante de gente para llegar finalmente al hotel o residencial previamente reservado por telégrafo.
Cuando ya la familia estaba instalada y la ropa en los percheros de la pieza; el cocaví que mamá habia traido para el viaje ya se habia despachado, era el turno de los niños que tenían sus implementos para edificar grandes castillos en la arena, aunque se los llevara el mar...y por fin, el mar, el mar para jugar y refrescarse, para buscar estrellas y piriguines en las pozas, para llenar los pulmomes con el aroma salino con que la familia habia soñado.
Papá se arrancaria un fin de semana de estos, y haria el tedioso viaje para disfrutar un poco el tambien, que buena falta que le hacia.
Zapallar




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