lunes, 25 de mayo de 2026

EL SANTIAGO de 1860 de RAMON SUBERCASEAUX.



En el año 1860 Santiago debía de tener todavía en esa época en que no contaba más que el primer medio siglo de vida de capital independiente un sabor colonial.

La gran mayoría de las casas era de un solo piso al nivel del suelo, o con una o dos gradas de elevación. El material que se había empleado era adobe, que se enlucia y blanqueaba después. Los tejados tenían aleros que avanzaban, cubriendo una parte de la vereda contra la lluvia y el sol alto del verano.

La Alameda comenzaba al oriente por lo que llamaban las Cajitas de Agua y que era algo como depósitos de distribución ,recubierto por unas pequeñas pirámides de albañilería. Luego venían, hacia abajo, las plantaciones de álamos altos, oscuros, rectos y robustos, que dieron nombre a todo ese sitio llamado Alameda de Las Delicias.

Los textos han sido seleccionados del libro "Memorias de 80 años" de Ramón Subercaseaux.

La fotografias han sido mejoradas y coloreadas por IA Gemini para una mejor y mas vívida experiencia en este viaje a Santiago de hace mas de 160 años.




La Avenida Independencia, antigua "La Cañada"



Compañía esquina Ahumada


Merced con Estado


Antes del invierno, que dejaba solo el armazón de troncos y ramas secas, el despojo se hacía en pocos días, sin agitaciones de viento ni grandes lluvias, como corresponde al poético y dulce otoño de Chile


Plaza de Armas en 1860 antes del incendio de La Compañía. Se pueden apreciar la cúpula y la torre. Frente a las calesas, el Café del Comercio. En ese mismo lugar se terminó de construir el Palacio Arzobispal en 1870


Vista hacia el Oeste desde el Campanario de la Iglesa de San Francisco.


La Catedral de Santiago y el Sagrario en 1860, a la derecha la Calle Catedral


El lado Norte de la Plaza de Armas antes de su primera transformacion.


Alameda hacia el Oeste. Casa de Henry Meiggs


La Plaza de Armas desde el alto del Hotel del Comercio. La vista al oriente es el Portal de Calle Estado.
 

La estación de los ferrocarriles o más bien del ferrocarril del sur, que fue el primero que partió de Santiago.


Las casas de altos, como la nuestra de la calle de de la Catedral, desarrollaban un balcón corrido en toda la fachada, sobre cuyos pilares de madera descansaba más arriba el mismo alero de tejas de las casas bajas.


Vista de la Alameda hacia el oriente desde el Campanario de la Iglesia de San Francisco. A la izquierda el Convento de Las Claras.


La Fuente de Neptuno en la Alameda



Una acequia de agua rápida corría entre los álamos puestos en doble fila. Las raíces sedientas formaban una doble pared de filamentos rosados, sumidos en la corriente que parecía porfiar por arrancarlas.


En las mañanas de noviembre, las hojitas tiernas y claras de los alamos despedían un olor finísimo, mejor que el de muchas flores. En pleno verano, aquello tenia un aspecto en sierto modo solemne, era una perspectiva de muro elevadisimo, de color verde casi negro, formada por innumerables piramides en fila.
 

El Puente de Cal y Canto hacia 1864


Litografia coloreada del Puente de Cal y Canto por Ramon Subercaseaux


viernes, 22 de mayo de 2026

LA ESTACION BAQUEDANO HACE 30 AÑOS.

Hoy en dia Estacion Baquedano es un Museo Ferroviario muy bien organizado está la mayoria de las dependencias en buen estado de conservacion y los antiguos equipos, vagones y locomotoras pastando su centenario retiro en las vias de patio que aún quedan.

En 1996 viajando en un jeep buscando las huellas perdidas del Longino en el norte desde Taltal hasta Antofagasta llegamos a Baquedano. No encontramos un alma en sus calles polvorientas y desoladas. Casas vacías, calles de servicio, patios que dormían su abandono. Llegamos girando una calle de casas del ersonnal que en su tiempo habian sido bastante buenas, todsa unba pequeña ciudad que bullia en actividad

La Estacion habia sido creada en 1910 por la Chilean Northern Railway Company y luego administrada por los Ferrocarriles del Estado  El Poblado  de Baquedano que colinda con las instalaciones habia sido creado en 1926 alrededor de este enorme complejo ferroviario que llegó a albergar a cerca de mil trabajadores ferroviarios y sus familias en su época de mayor esplendor.

En 1996 nada de eso quedaba, solo restos herrumbrosos dejados  a la intemperie del olvido. Me parecio e lugar mas solitario de la tierra. Me dio tristeza profunda esas viejas y nnobles locomotcas y carros, esa tornamesa y maestranza semicircular donde podria estarse trabajando para poner a punto esos bisontes de acero que sirvieron al pais durante tanto tiempo y transportaron tantos chilenos desde apartados rincones. Da pena pensar que todo ese esfuerzo valga muy poco.

Nos alejamos de allí con el corazon triste y encogido por tanto desperdicio, por tanta indiferencia. 

















jueves, 21 de mayo de 2026

HUARA HACE 30 AÑOS Un pueblo mágico

El pueblo de Huara, ubicado en la Provincia del Tamarugal (Región de Tarapacá), fue fundado oficialmente en 1885 tras la Guerra del Pacífico. Su nombre proviene del aimara wara, que significa «estrella». Nació como un centro administrativo y estación de trenes clave para abastecer a la industria salitrera.

En su momento de mayor esplendor llegó a albergar a cerca de 7.000 habitantes y poseía un intenso tráfico ferroviario, siendo en su momento la segunda localidad en Chile con más estaciones de trenes en su radio urbano.

Durante la Guerra del Pacífico, el área fue un punto neurálgico en la Campaña de Tarapacá, escenario de importantes enfrentamientos como las batallas de Dolores, Germania y Tarapacá.

La Comuna de Huara fue creada oficialmente el 30 de diciembre de 1927.

Hoy en día, la comuna mantiene vivo su legado histórico a través de sus pueblos interiores y su rica herencia cultural, formando parte de los destinos patrimoniales del norte del país.

Reproducimos aqui fotografias ineditas tomadas de un video de super 8 mm tomado en 1996 y mejoradas para el disfrute de quienes viven y gustan de esa interesante ciudad, hoy en crecimiento.

 





























UNA POSADA EN SANTIAGO EN 1860. Asi alojaban forasteros y viajeros.


Esta posada, llamada "Posada de San Francisco" era, por lo visto, más propia para arrieros que para gentes de comodidad; sin embargo, los provincianos que no tenían el don de buscar otra mejor, se alojaban en ella, atraídos por la celebridad de que gozaba en el sur.

Esta posada tenía por límites, al oriente, un paredón tamaño, y al occidente, los cuartos para los alojados. Estos cuartos estaban amueblados con un catre bullicioso, un par de sillas de paja y una mesa mugrienta. Las paredes eran negras, las puertas estaban tiznadas con carbón y la cerradura se componía de una mala armella que no prestaba ninguna seguridad, de manera que cuando los patrones salían, tenían los mozos que quedarse indefectiblemente al cuidado de la pieza.

A los pies de estos cuartos, es decir, al sur, vivía un zapatero de remendón; más allá, siguiendo la misma línea, estaba la cocina, de donde, en caso de necesidad, se proveían los alojados; y, por último, detrás de una tapia divisoria, costeando el mismo rumbo, se extendía el corral para las cabalgaduras y otros usos.

Cuando llegaba algún forastero, si era de noche, el zapatero,  que atendía a los pasajeros después de entregarle una pieza en el mismo estado en que la dejó el último arrendatario, le traía la lumbre en una mala palmatoria, le preparaba la cena si la pedía, o le endilgaba a una picantería que había cerca si aquel determinaba comer en la recova.

Aunque los cuartos de esta posada estaban numerados conforme a los progresos del siglo, sin embargo el zapatero subadministrador nunca los designaba por el número, sino por alguna señal distintiva que tenían, por ejemplo, decía: el cuarto largo, el cuarto redondo, el cuarto de la puerta verde. (Crónica de Pedro Ruiz Aldea)







Posada en  calle San Isidro, 1864



Oleo de un Hostal de la colonia en Santiago





La Posada del Comercio, llamado tambien "El Café de Dinator" en 1850,
cuadro de Charton de Treville.